Así habló la planta

Lo fabuloso de leer es que las posibilidades son infinitas, nunca se acaban los libros interesantes y eso es un gran alivio.

“Así habló la planta”, es un libro curioso que me recomendaron y que me ha trasladado a un mundo alejado de mi realidad (por desgracia), que es el mundo de las plantas. Aunque tengo una en la cocina, desde hace tiempo, que solo cuido yo y con mucho cariño, y está creciendo como nunca pensé. 

HABLEMOS DE MÓNICA GAGLIANO

La autora de “Así habló la planta”, Mónica Gagliano, es profesora asociada de investigación en ecología evolutiva en el  Laboratorio de Inteligencia Biológica (BI) , Southern Cross University, profesora asociada de investigación  en la Universidad de Australia Occidental y  afiliada de investigación en el Instituto Ambiental de Sydney, en la  Universidad .

Es decir, que no se trata de un libro de ciencia ficción.

El libro narra una serie de vivencias autobiográficas que transcurren en sus primeros años de estudiante.

Una muchacha que comenzó como investigadora marina pero finalmente se decidió por las plantas por el problema que le causaba matar a peces para sus investigaciones.

Cuenta sus primeros estudios científicos sobre la ecología conductual de las plantas, que proporcionó una evidencia clara de la existencia de canales de comunicación entre ellas.

El libro es un soplo de aire fresco, una mirada diferente y entusiasta de una mujer joven que apuesta por el cuidado del medioambiente como filosofía de vida.

INVESTIGACIONES INTERESANTES

La autora describe con detalle algunos de sus experimentos y resulta muy entretenido leer como los realiza, los obstáculos que va superando, el proceso que sigue y finalmente lo que obtiene.

Encontramos, por ejemplo el caso de la mimosa púdica.

Esta planta tiene un  mecanismo de defensa ante los peligros de posibles depredadores, que consiste en cerrar sus hojas al detectarlos.

Esto se produce cuando la amenaza es real porque el hecho de tener sus hojas cerradas malgasta oportunidades de obtener luz, supone, por tanto, un alto coste para la supervivencia.

Pues, en este caso, creó un sistema “controlado de caída” (es curioso como lo hace) .

Colocaba la planta en su maceta en un vaso, y lo bajaba quince centímetros rápidamente, no tan deprisa como para dañar a la planta , pero sí lo suficiente como para asustarla,  simulando un posible peligro y desencadenar el cierre rápido de sus delicadas hojas, un reflejo instintivo ante la perturbación mecánica.

Dejaba “caer” la planta en intervalos de cinco segundos hasta un total de sesenta veces por sesión y realizó así varias sesiones.

Pues bien, las plantas solo necesitaron cuatro o seis caídas iniciales para comprender que caer no era un peligro. Y en las siguientes ocasiones no cerraron sus hojas.

¿Lo habían aprendido o estaban agotadas? La científica creó otro estímulo diferente, que no era la caída, y sus hojas se volvieron a cerrar. Claramente no estaban cansadas.

¿Se habrían acostumbrado?

Las dejó unos días sin ser molestadas y al repetir el experimento de la falsa caída tampoco se inmutaron, no cerraron sus hojas.

Tenían capacidad de memoria, su conducta no estaba grabada en al ADN. Era aprendida.

Esa fue su conclusión, su asombro y su alegría.

En otro experimento intentaba demostrar si  las raíces de las plantas podrían encontrar agua por medio de vibraciones acústicas.

¿Pueden valerse únicamente del sonido del agua para detectar y encontrar su fuente de vida cuando no haya aguar real cerca?

Pues bien, la gran mayoría de las plantitas extendieron sus raíces hacia el sonido grabado de agua, cuando en el otro lado había ruido blanco, únicamente silencio.

Las raíces habían rebelado un compromiso con la opción que nutre y sostiene la vida: el agua.

Uno de los altavoces emitía un sonido realmente  perturbador y  se apartaron de él, prefirieron separarse de los efectos posiblemente dañinos del campo magnético, aunque eso supusiese alejarse del  agua.

Aceptaron el hecho de que el agua debían buscarla en otro lugar.

Curioso, realmente curioso y sorprendente.

Gagliano combina en el libro las experiencias obtenidas de sus experimentos con reflexiones sobre la vida y el comportamiento actual contra el medioambiente.

Enlazando con el rechazo de las plantas a su fuente de vida por el ruido perturbador de uno de los altavoces, plantea estas cuestiones: 

.. Y nosotros ¿Somos capaces de tomar la decisión necesaria y apartarnos de nuestra crisis medioambiental global, defendiendo lo importante?

¿Somos capaces de aceptar el hecho de que la conducta humana necesita encontrar otras formas de ser?

Se trata de un libro de unas escasas 180 páginas, que se lee muy fácil y que independientemente de estar o no en consonancia con sus reflexiones, es cierto que te hace pensar sobre nuestro papel clave en la naturaleza y la absoluta necesidad de cuidarla por nuestra propia supervivencia.

Cuenta también su experiencia en la amazonia peruana con la ayahuasca y su asombrosa sensación en el bosque de las secuoyas, enraizada en el abrazo de la tierra.

Con sus tintes que en ocasiones rozan lo filosófico y lo idealizado, no deja de ser una visión limpia, un toque de atención y una forma pedagógica de entender  la relación que deberíamos tener con el medioambiente.

Te traslada a lugares mágicos como Rainbow coast, donde los bosques de eucaliptos se encuentran con el océano antártico.

Allí, el valle de los gigantes es el hogar de algunos de los árboles más antiguos del mundo, entre los que se encuentra el mayestático giant tingle tree de cuatrocientos años de edad, el eucalipto vivo más grande que se conoce.

O te describe la primavera en Australia occidental.

  En esta época, doce mil especies de plantas, la mayor colección de plantas silvestres del mundo, estalla en una floración multicolor, imposible de contemplar en ningún otro lugar (así es porque el sesenta por ciento de estas especies, son endémicas de esta región y solo se encuentran aquí).

La vida se transforma en hormigueos, como cuando vuelve a fluir la sangre entre los dedos, después de haberlos tenidos expuestos al frío.

Y nacen nuevos comienzos.

Necesitamos más enamoradas de la naturaleza como esta científica, más libros como este, mas conciencia, más cabeza para tratar a la naturaleza como se merece, porque en ello nos va la vida, y no nos estamos enterando, aunque las plantas nos hablen.

Os lo recomiendo, es un punto de inflexión muy necesario en la locura del día a día.

Gracias por seguirme en mi blog.

Y por favor, no dejéis de contarme vuestras impresiones

4 Comentarios

  • Publicado agosto 24, 2021
    .Ana

    Admirable Mónica Gagliano , y muy cierta tu última reflexión Natalia ,gracias por dar a conocer este libro , ojalá más libros así para conectarnos con la naturaleza y así ayudarla como se merece .

    • Publicado agosto 29, 2021
      .Almudena García Martinez

      Interesantísima reflexión sobre un libro que parece inspirador para escuchar las voces de la naturaleza que nos deberían hacer pensar en aquéllo que estamos haciendo con el medio ambiente. Gracias por esta nueva recomendación y por despertar siempre nuestro interés. po

  • Publicado diciembre 23, 2021
    .DILMUN

    Aunque hace meses que lanzaste este post, no me resisto a decirte lo atractiva que me ha resultado la lectura de este libro. Y, sin olvidar que esta bióloga va mas allá del método rigurosamente científico en algunas afirmaciones sobre la conducta de las plantas, a mi, particularmente, me produce una enorme curiosidad, y muchísimas ganas de leer mas sobre este tema. Como curiosidad, me acabo de acordar del famoso disco de steve Wonder “la vida secreta de las plantas” que a mi me entusiasmó hace tantos años y que, precisamente, “va” de estas cuestiones. Gracias por esta recomendación

    • Publicado diciembre 28, 2021
      .Natalia

      Gracias Dilmun por tu comentario. Con este libro te acercas a la naturaleza de una forma diferente. Yo también recuerdo ese disco, era fantástico.

Deja un comentario