No he podido empezar el año con una lectura mejor.
Si piensas en un jardín inglés seguro que te viene a la mente un paisaje delicioso plagado de flores rebosante de vida y de color. Pues esa reconfortante sensación de belleza y paz ha permanecido en mi tras leer «Recuerdos de un jardinero inglés» ; una novela escrita en 1950 llena de simbolismo.
La novela relata la vida del Yerbas, un chico que entra como ayudante de jardinero en una gran mansión inglesa y permanece en ella durante toda su vida.
¿Quién es Reginald Arkell?

Reginald Arkell (1872-1959) fue un escritor y guionista británico, célebre por sus obras humorísticas. Gran aficionado a la jardinería y horticultura creció en Gloucestershire, donde siendo muy joven se formó como periodista y comenzó a escribir para el teatro. Tras servir en el Ejército durante la Primera Guerra Mundial, centró su producción en libretos cómicos para musicales.
La versión teatral de «Recuerdos de un jardinero inglés» se representó en el castillo de Windsor ante a la familia real en las Navidades de 1979.
¿Por qué leer Recuerdos de un jardinero ingles?
El joven Herbert Pinnegard, se negó a ser granjero, como su padre. Decidió presentarse al Concurso Anual de Flores, con una muestra de flores silvestres, y ese día conoció «por primera vez el sabor agridulce de la responsabilidad personal» y también a quien sería su jefa y la persona mas especial de su larga vida, la joven Charlotte. Al ganar el concurso ella le ofreció trabajar en su mansión. A partir de ese momento su vida cambió. Aquel muchacho inexperto, se puso a las órdenes de un estricto jardinero, en un lugar donde los habitantes eran todavía de «una raza primitiva que se permitía excesos de crueldad y superstición».
La novela es un repaso de los setenta años de vida de Pinnergard, «un hombre de decisiones tranquilas» y a pesar de su semblante serio con un gran sentido del humor. Es un rasgo característico de la obra.
El relato te lleva a sus comienzos como «el Yerbas», dándote pinceladas del entorno que le rodea de analfabetismo y en un ámbito mas amplio, viviendo la adaptación que la sociedad inglesa comenzaba a realizar ante el cambio de siglo y la muerte de la Reina Victoria.
El simbolismo en las circunstancias que acontecen al joven jardinero es constante. Se alaban los valores humanos: el trabajo como una responsabilidad pero con disfrute, el interés por el trabajo bien hecho y por la constancia. Nuestro joven Pinnergard también se preocupa por relacionarse en armonía con su «jefa Charlotte», realizando actividades que no entran dentro de sus tareas habituales: intenta sorprenderla y agradarla. Cultiva, sin ella saberlo, fresas en abril y hace de ello la delicia de una merienda en la mansión.
Se empieza de niño quitando malas hierbas (…) y fregando los tiestos y suelos del invernadero. Después te conviertes en aprendiz y aprendes a cavar y plantar. En oficial y preparas los arriates, en ayudante y tal vez en capataz.
(…) por lo general renunciaban a la jardinería y se hacían policías, porque el sueldo era mejor y tenían una pensión cuando se jubilaban.
Es un hombre que se siente inseguro fuera de su jardín, por sus orígenes tan humildes, y tiene que demostrar su valía cuando requieren de sus conocimientos fuera de la mansión, viviendo su época mas feliz entre los cincuenta y los sesenta y cinco años: «Una época dorada, de maduración, que saca a la luz lo mejor que hay en un hombre».
El tiempo avanza y con una Inglaterra en guerra, su jardín es irrelevante. Debe protegerlo con trampas y alambre de púas en los manzanos. La terraza se llena de malas hierbas y las flores no nacen porque son arrancadas de cuajo. Una época gris para nuestro jardinero que odia ver como todo a su alrededor es destruido.
La vejez obliga a Charlotte a abandonar su casa para que la cuiden en una clínica de reposo y nuestro protagonista, sin su amiga y con las fuerzas mermadas por la edad, debe lidiar con su delicada situación ante las exigencias de los recientes dueños de la propiedad. La vejez se muestra como un estigma social, aunque el autor siempre nos muestra un rayo de esperanza y nuestro jardinero finalmente siempre sale airoso.
Ambos ya mayores. Encuentro de Charlotte y su fiel jardinero en la clínica. Un hermoso final para un libro delicioso.
En definitiva, se trata de una novela que te impregna de optimismo y de buen rollo. Una magnífica forma de comenzar mi año literario.
1 Comentario
.virginia
Uhmmmmm muy apetecible de leer… buena recomendación. gracias